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25/02/2018 | CRONICA
GR 18.1 Congosto de Obarra

SÁBADO 24 DE FEBRERO

Una vez embarcados en el autobús y saliendo de la ciudad, a los pocos minutos, algunos caen en un profundo sueño, mientras a intervalos regulares van absorbiendo todo el oxigeno reinante para luego expulsarlo haciendo temblar al autobús , y sueñas con meterle un par de calcetines sudados en la boca...si, me estoy refiriendo al maestro Félix, improvisado tenor ocasional. Algunos en la medida que podemos, intentamos mantener alguna leve conversación.

Al llegar a Graus y, en el refectorio de siempre  un "tente en pié" nos ha templado, ya que el cuerpo anhela lo que espera.

El recorrido por el valle del Isábena no se hace largo, posiblemente por la novedad de transitar por una zona que no visitamos regularmente.

Ya hemos llegado al punto de inicio. La mañana fresquita, pronto entraremos en calor.

El autobús nos deja en el comienzo de la carretera que sube a las Paules, 15 minutos nos separan del inicio de la ruta.

La gente está fuera del autobús poniéndose las botas, revisando las mochilas, ajustando la longitud de los bastones, y decidiendo si dejar algo de material para aligerar peso. Estas concentrado en no olvidar nada, pero por el rabillo  del ojo comienzas a detectar cierto nerviosismo.  Cuando el grupo entero ya está en marcha comienzan, al igual que en la vida, a definirse los roles sociales de cada persona y enseguida hay algunos que destacan por ser los primeros, imponiendo un ritmo rápido al resto.

Como es lógico, en una ruta de varias horas el grupo suele dispersarse, compactarse, volver a dispersarse y así sucesivamente. Son momentos para la conversación, siempre y cuando la pendiente y el ritmo lo permitan.

El camino siempre panorámico se adentra en bosque mixto, pino, roble y tapizado con matas de Boj, muy bien señalizado con las marcas roji-blancas del GR-18.1 (Sendero Románico).

Alguna paradita para seguir eliminando capas de ropa y tomar algún refrigerio. La altura del sendero se mantiene en torno a los 1200 metros.

Hace dos horas aproximadamente que hemos comenzado, lanzamos la mirada, las vistas son espectaculares sobre el valle del Isábena, y el Monasterio de Obarra , la peña Croqueta enaltece como punto de referencia, enseguida  iniciamos una rabiosa pendiente que nos acerca al lugar  más alto de la ruta.

Llaman la atención las paredes del congosto de Obarra, con sus singulares formaciones geológicas

Cuentan los lugareños, antaño, cuando el ganado subía valle arriba, aprovechaban los estrechos pasos en la roca para contar las ovejas; lo angosto del camino, condicionaba al ganado a pasar de uno en uno, facilitando el recuento, y cada 100 cabezas los pastores realizaban una "croca" (muesca) en el palo para facilitar el recuento, de ahí el "Camino de la Croqueta".

Un cómodo descenso nos ha dejado en el pueblecito de  Ballabriga.

Ya hemos terminado la ruta, pero no la excursión.

 

Nos encontramos en la explanada del Monasterio de Obarra, que traducido significa agujero entre rocas, un valle bloqueado por el desfiladero de la Croqueta.

Jugó un papel muy importante en la consolidación del Condado de Ribagorza por ocupar un lugar estratégico en una encrucijada de varios caminos.

Gracias a la mediación en días pasados por parte de Caco, se ha presentado el párroco de la Diócesis, el padre Laureano que amablemente nos ha ilustrado sobre la historia pasada y presente a la vez que nos enseñaba  el interior del Monasterio.

El hambre acechaba a la peña, y raudos y veloces, el autobús nos ha trasladado a Roda.

Sobre un inexpugnable promontorio rocoso, se eleva orgullosa Roda de Isábena, presumiendo de ser la población más pequeña de España que dispone de catedral, (digo catedral porque así consta en el inventario que hace referencia a tales colegiatas de la Curia).

Sus estrechas calles rezuman historia y misterio transportándonos a un remoto pasado medieval, cuando esta tierra fue testigo de incontables batallas entre soldados cristianos y el poderoso ejército musulmán.

La catedral está íntimamente ligada a los orígenes de la Corona de Aragón, todavía creo ver cómo nos observa  nuestro gran rey Ramiro II "el Monge", siendo este, obispo del lugar, que al evocar sus visitas a Roda según cuentan los legajos, se detenía cadenciosamente en el recuerdo del scriptorium. En el silabeo mágico de las peñolas de los conventuales, donde el olor generoso de la tinta labrando pergaminos, las letras rojas de los antifonarios, miniaturas voluptuosas ante el desierto de los pliegos y los scriptores  ritualizando las palabras....que tiempos, cuanto saber...

Hay que darse cierto barniz de seriedad cuando se penetra en la catedral de Roda de Isábena. No es una catedral de curso corriente, pues rezuma historia desde todos sus rincones; adentrarse en ella, es como viajar en el tiempo.

Yo pensaba que el Zodiaco, eran las constelaciones que estudiaban los antiguos, que son doce, tres por estación, signos ascendentes y signos descendentes en la eclíptica, la línea que describe el Sol a través de las constelaciones a lo largo del año. Aparecían pintadas en las paredes de templos egipcios, los caldeos antiguo pueblo de magos semitas muy versados en la astrología, estudiosos del cinturón celeste en el que se mueven los planetas y los dividieron en esas doce constelaciones.

Pero....dejando en segundo plano a la guía del lugar, con su patente inteligencia, con un finísimo bisturí mental, con sonrisa irónica y ojillos con chispa de agudeza que responde al nombre de Luis Lasala, a través de un manantial de citas, nos ha trasladado el Zodiaco de unos frescos al Románico.

Sabedores de que se trata de un paladín ardoroso del dialogo, desde esta crónica, y en nombre de todos los allí presentes:

¡GRACIAS LUIS!

Conocí sus interiores hace años. Una lámpara  famélica, con tulipa de leprosería se esforzaba en alegrar aquel ambiente de mortaja. Ha vivido en estos últimos años un proceso de mejora que ha permitido paliar el proceso destructivo, patético y dramático que sufrieron también otras iglesias y catedrales.

Cuando entramos en cualquier recinto sacralizado, a veces inventamos personas, y las inventamos tan bien y tan a nuestra medida, que se hace muy difícil olvidarlas es como si mataras algo en tu interior, porque, en efecto, solo es allí donde han habitado.

Siempre tengo la tentación de asomarme a estos espacios porque se me antoja un manojo de razones por las que sentirme orgulloso de ser aragonés.

Salud a todos.

 

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