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10/06/2018 | CRONICA Y FOTOS
Faja Pardina (Ordesa)

CRÓNICA SÁBADO 9 DE JUNIO

FAJA DE LA PARDINA (SECTOR AÑISCLO)


Vengo observando desde hace mucho tiempo como prolifera en este grupo la afición por la cerveza. Lo celebro porque, además de mi gusto por el vino, soy muy aficionado a este bendito brebaje que, al parecer, viene de la cultura neolítica. 

En España, hay una larga tradición de cervezas locales. En Madrid, siempre se ha bebido Mahou, en Sevilla Cruzcampo, en Barcelona Damm, por la parte norte y oeste, Estrella Galicia, y por Zaragoza predomina, Ambar. Recuerdo por la parte de Castilla que había antaño una marca llamada Gulder que, según la publicidad, era adecuada para cuando uno mataba su primer elefante.

Hay ciertamente muchos tipos de cerveza y su elaboración varía en función de los gustos de cada país. Yo prefiero la Heineken, siempre tengo en la nevera, fermenta a bajas temperaturas y se sirve muy fría. Es una bebida especialmente recomendable cuando finalizas una excursión por su carácter refrescante.

En invierno, uno puede degustar una cerveza Belga de abadía, elaborada con métodos medievales y con  un proceso de fermentación que eleva su contenido alcohólico. Puede paladearse como un buen vino por sus muchos matices.

Como se sabe, la materia básica de la cerveza es la cebada, a la que se añade lúpulo para darle estabilidad. Es un producto sencillo de obtener, aunque hay infinitas variaciones en el proceso que confieren el carácter a cada marca.

A mi juicio, la cerveza es menos selectiva que el vino y admite cualquier acompañamiento, sea carne, pescado o un plato de cuchara. Debido a su menor contenido alcohólico, la cerveza puede ingerirse a cualquier hora del día, mientras que el vino es una bebida de momentos.

La cerveza apela al espíritu tribal y a las señas de identidad,  mientras que el vino es universal filosóficamente hablando. La cerveza se puede tomar en la barra del bar en una conversación con los amigos. Por el contrario, el vino requiere concentración e incluso estudio.

El carácter democrático de la cerveza contrasta con el elitista del vino, elevado al culto junto al gin tonic en nuestra sociedad. En este sentido, la popular caña de bar se ha convertido en un factor de integración social frente al vino, que ha adquirido un carácter diferencial. Tomarse un Vega Sicilia es marcar una distancia.

La cerveza estimula el espíritu y contiene importantes cualidades nutritivas. Ayuda a hacer la digestión y tonifica el organismo. 

Siempre nos quedará un bar cuando finalizamos nuestras andadas. Nos estará esperando una rubia o morena helada a la que acogeremos en nuestro interior. (Que nadie se acoja al segundo sentido del diccionario).

Sin duda alguna, uno de los  más grande inventos de la humanidad es la cerveza, os aseguro que la rueda también fue un gran invento, pero la rueda no va tan bien con el bocata.

Ahí lo dejo.


FAJA DE LA PARDINA


Los días anteriores los pasé en casa leyendo reseñas y estudiando  itinerarios. ¿Nuestro objetivo? Recorrer un escondido rincón por la zona de Añisclo, pero sin regresar por el mismo camino. Y es que, por todos es sabido que las actividades de ida y vuelta son siempre menos  atractivas que las circulares; además, para atrapar con la retina un escenario como el de hoy, hay recorrerlo por sus venas, tal y como sobrevolarlo en la distancia larga, como lo hacen las rapaces por estos pagos.

Después de mucho pensar encontramos lo que, en teoría parecía la solución. El tema era plasmarla en la realidad y darle forma con nuestras piernas, nuestra inteligencia y el bombeo de los corazones esforzados. Y eso es lo que paso a relatar a continuación ya en tiempo presente.

A las    10:00  estábamos en el periférico pueblo de Nerin, donde después de almorzar, cambiamos de vehículo.

Las previsiones respecto a si lloverá……Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad. La verdad es que durante el recorrido, no nos ha llovido a pesar de las sospechas.

Después de unos minutos  a través de una pista, los pueblos desaparecen, dejando solo el agudo contraste de los paisajes verdes. Salimos del autobús  y comenzamos a descender  en busca del  Barranco de la Pardina. Aparte del ruido de nuestras botas, de vez en cuando un canto de pájaros, y el murmullo de las conversaciones que se hace más evidente a medida que avanzamos. Cuando destrepamos en busca de la senda inicial, se insinúan árboles y plantas, que muchas de ellas tienen asociaciones con la medicina y la mitología.

Zonas de pastoreo donde se alimenta una cabaña famosa de Fanlo, como pudimos comprobar los participantes en una de nuestras travesías, alrededor de 3000 ovejas de raza tensina, luego, en Octubre, se produce  la trashumancia a tierra baja. Todo un espectáculo.

Mientras caminamos surge una conversación con un amigo sobre un libro de Bruce  Chatewin, sobre las  deidades de la India, Brahma, Vishnu, y Shiva, que por estos lugares tiendes a asociar.

Estamos en el corazón de Jade de los bosques atlánticos  aunque éste sea un valle que mira al mediterráneo, así que nosotros nos vamos a escapar por un barranco lateral: la Pardina, es el típico valle con paredes escarpadas de origen glaciar, manchas de pino silvestre y negro en los muros y hayas que remontan hasta la mordedura helada de los 1000 y pico metros.

Esta senda, es variable de anchura, con pasos estrechos muy llamativos, se recorre aproximadamente en 4 Km, unos 80 metros por debajo de las cornisas superiores de Añisclo.

Uno de los atractivos de esta excursión, contando con el estereotipo de lo romántico, y que tiende a manipular  las emociones, es la tranquilidad que ofrece frente a la masificación de cualquier otro escenario, por eso conserva un entorno algo salvaje.

Para entrar en la Faja descenderemos un pequeño resalte que nos deposita en un rellano repleto de ortigas. Una vez dejamos atrás las molestas plantas urticáceas, comenzamos el recorrido en dirección Este. El barranco va quedando a nuestra derecha cada vez más profundo.

Observamos pisadas de algún animal que no te permite verlo.

La parte más bonita, la encontramos en el tramo final, donde la aérea Faja serpentea salvando algunos salientes conforme se aproxima a la vertical con el Cañón de Añisclo. Un par de cascadas se precipitan desde lo alto creando un arco iris al contraluz. Una de ellas lleva bastante caudal fruto de las recientes lluvias y las sortearemos  para no acabar empapados.

Alcanzado el mencionado Cañón, que contemplamos a vista de pájaro, levantamos la cabeza en busca de una canal equipada por donde se abandona la Faja para salir a los rellanos superiores. A nuestros pies ésta el paraje denominado “La Ripareta” donde el río Bellós baja calmado y se toma un momentáneo  respiro tras su agitado descenso por los estrechos de Añisclo.

Remontamos una pequeña loma herbosa hasta el pie de la canal. Una sirga y unas pocas grapas a modo de sencilla ferrata, nos ayudan a superarla sin dificultad, partiendo de la base de que la emoción siempre es un ingrediente indispensable en la montaña.

Una vez arriba las vistas son fantásticas, Añisclo encajonado, cargado de verdor, las Tres Marías y las murallas meridionales del Macizo de Monte Perdido, bonito panorama. Ahora volvemos por la parte superior y en sentido contrario observando la Faja por debajo, es como haber hecho dos fajas superpuestas.

Lo de hoy ha resultado impresionante. Hacía mucho que no cuadrábamos una actividad diseñada sobre el papel con tantos ambientes distintos, tal cantidad de alicientes y un generoso puñado de buenas sensaciones que hemos disfrutado desde el principio hasta el fin.

Hace años que vengo por estos lugares, y creo que fue la primera vez en mi vida, en que más o menos entendí y me identifique con uno de los pilares del taoísmo: vivir en armonía con la naturaleza. Y es que este sentimiento es casi inevitable ante un escenario de los muchos que ofrece cualquier parte de Añisclo.

Las actitudes son más importantes que las aptitudes. Contamos en el grupo con gente que poseen los pozos de petróleo de la ilusión,  que están en edad de la tarjeta dorada de Renfe, y yo particularmente me encuentro muy seguro cuando están ellos, son, el mascarón de proa del grupo.

Pero...no quiero dejar pasar de escribir de Lorenzo, nuestro conductor en la jornada de hoy.

Digamos que con Lorenzo, hemos tenido otra excursión. Tipo campechano, dicharachero, con gracejo Toledano, monologuista de su vida, odiador de los silencios incómodos, en ocasiones novillero, y sobre todo, servicial, vamos, de los que te hacen el viaje más ameno, por eso ha recibido un sonoro y merecido aplauso.

 

Creo, que salidas como esta, crean tendencia, pero...estoy perfectamente sometido a la opinión de los demás.

Así ha sido y así lo cuento.

 

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